Las técnicas de respiración son tan buenas para controlar la ansiedad porque actúan directamente sobre el cuerpo: al respirar lento y profundo se activa el sistema parasimpático a través del nervio vago, lo que reduce la frecuencia cardíaca, la tensión muscular y la hiperventilación que alimenta los síntomas ansiosos. Al mismo tiempo, centrar la atención en la respiración interrumpe la rumiación mental y da una sensación inmediata de control, creando un puente entre regulación fisiológica y calma psicológica.
Objetivo: activar el sistema parasimpático y relajar el cuerpo.
Pasos:
- Siéntate o recuéstate en una postura cómoda.
- Coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen.
- Inhala por la nariz durante 4 segundos, llevando el aire hacia el abdomen (la mano del abdomen se eleva).
- Exhala lentamente por la boca durante 6 segundos, sintiendo cómo el abdomen baja.
- Repite de 5 a 10 ciclos.
OJO!! Practica 2–3 veces al día para entrenar tu cuerpo a respirar así de manera automática.
Objetivo: generar ritmo y sensación de control.
Pasos:
- Inhala por la nariz contando 4 segundos.
- Mantén el aire dentro contando 4 segundos.
- Exhala por la boca contando 4 segundos.
- Pausa sin aire contando 4 segundos.
- Repite entre 4 y 6 ciclos.
Úsala en situaciones de estrés inmediato (reuniones, exámenes, discusiones).
Objetivo: reducir rápidamente la activación fisiológica.
Pasos:
- Siéntate con la espalda recta.
- Inhala por la nariz contando hasta 4.
- Mantén el aire dentro contando hasta 7.
- Exhala por la boca lentamente contando hasta 8.
- Haz entre 3 y 4 ciclos.
Practícalo idealmente antes de dormir o en momentos de ansiedad intensa.
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